lunes, 28 de diciembre de 2009

ESTÉTICA



ESTÉTICA



1

Al poema, como al candado, es menester echarle llave; al poema, como a la flor, o a la mujer, o a la ciudad, que es la entrada del hombre; al poema, como al sexo, o al cielo.

2

Que nunca el canto se parezca a nada, ni a un hombre, ni a un alma, ni a un canto

4

¿Qué canta el canto? Nada. El canto canta, el canto canta, no como el pájaro, sino como el canto del pájaro.

5

Seguramente, arden grandes mares rojos, y un sol de piedra, negro, por ejemplo, hincha la soledad astronómica con su enorme fruto duro, tal vez la tierra es un gran cristal triangular, otra vida y otro tiempo gravitan; crecen, demuestran su presencia, atornillados a la arqitectura que canta su orden inaudito.

6

Cojo un tomate, adquiero la vieja moneda del otoño, tomo un cinema, voy organizando aquel beso y aquel verso que anidó en aquellas pestañas inmensas.

8

¿Edificio de intuiciones? Edificio de imágenes, sí, edificio de imágenes, que son productos químicamente puros del no-consciente.

10

Escoged un material cualquiera, sí, un material cualquiera; no obstante, un material cualquiera determina la biología del poeta, la diagnostica; escoged un material cualquiera, como quien escoge estrellas entre gusanos...

11

Porque hay un material auténtico, como la aceituna del soltero, la empanada del casado, o lo mismo que el vino del día lluvioso, que es la guitarra del calendario, y un material de estafa, de escarnio, que se parece a las locomooras en el templo, al militar que seduce garzas claras con al espada, gimiendo hacia adentro aquellas violetas enfermas de tiempo y pianos sin aureola, a la higuera que produce lirios.

12

Pero se trabaja exactamente con barro y con sueño...

13

Sólo que la alegría de la golondrina depende de la primera gota de agua...

14

Cuando Dios estaba aún azul adentro del hombre...

16

Que el poema haga reír y haga llorar como una mujer rubia o un hermosos caballo.

17

Y además, que se ría solo y llore solo, y llore solo como la más morena de las colegialas, sacándose la camisa.

18

El canto, como el sueño, ha de estar cruzado de larvas.

19

El canto, como el mundo.

20

El canto, como el genio, ha de crear atmósfera, temperatura, medida del universo, ambiente, luz, que irradie de soles personales.

21

Medio a medio de la poesía, Tú, lo mismo que el sexo, medio a medio.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Notas Biográficas: PABLO DE ROKHA


PABLO DE ROKHA Notas Biográficas.

Nació con el nombre de Carlos Díaz Loyola el 17 de octubre de 1894 en Licantén, provincia de Curicó. Estudia en la Escuela Pública de Nº 3 de Talca (1901).Posteriormente desde 1905 a 1911 estudia en el Seminario Conciliar de San Pelayo de Talca. Escribe para los periódicos La Razón y La Mañana. Se gana la vida con la compra y venta de productos agrícolas. Entre 1922 y 1924 reside en San Felipe.Luego se traslada a Concepción y funda la revista Dínamo.Es candidado a diputado por el Partido Comunista. Trabaja en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Escribe en el diario La Opinión. En 1939 inicia la publicación de la revista Multitud. En 1943 el Presidente Juan Antonio Ríos "le extiende al poeta un nombramiento para realizar una extensa gira por el continente americano". (Naín Nómez).La gira abarcó 21 países.

Em 1965 recibe el Premio Nacional de Literatura.

Muere el 10 de septiembre de 1968.

El Hombre

Pablo de Rokha era un hombre fornido, exhuberante, dado al placer de las comidas y del vino. Carecía, a veces, de las maneras que en la sociedad pasan por buenos modales. No tuvo muchos amigos, sino más bien abundaban los contrarios. Era apasionado, categórico, muy político. La política fue uno de los instrumentos favoritos que usó en su vida, tanto en la contingencia como en la poemática. Esto también lo descartó de ciertos cenáculos y su lucha literaria fue solitaria.

Vendía sus libros personalemte, recorriendo el país.

Era una personalidad complicada y conflictiva. Es lo que siempre dijeros sus contrincantes.Entendido sólo en el círculo de sus adeptos e íntimos.

Al igual que su hijo Carlos, terminó suicidándose.

El poeta

No concitó precisamente el entusiasmo, entre los críticos chilenos, la poesía de Pablo de Rokha. La gran mayoría lo atacó ferozmente , descalificando su tarea literaria. Los menos, aplaudieron.

El poeta fue, como Vicente Huidobro, un bardo rupturista en la poemática chilena y eso, por cierto, no siempre hace coincidir los aplausos. Sus primeras obras , al igual que las de Pablo Neruda y Gabriela Mistral, no fueron bien recibidas y gran parte de su trabajo careció de estudios profundos que examinaran y esclarecieran su quehacer.

No es fácil leer a Pabo de Rokha.

Hay en él un tremendismo que choca a ciertos espíritus, su persona irradiaba un apasionamiento que rompía con los esquemas, además que costaba mucho separar hombre y poeta, específicamente en sus inumerables polémicas con los poetas chilenos Neruda y Huidobro, además de la mayoría de los comentaristas literarios. En verdad, arremetió contra todos. Entonces, dificultaba el entendimiento.

Entre los escasos trabajos que existen en torno a su poesía, destacamos, sin duda, la de Naim Nómez, de la cual extractaremos algunos párrafos que nos han parecido interesantes y ayudarán a su comprensión.

En sus primeros libros "permanece la visión de YO angustiado, intensificada por la soledad y la pena, que fluctúa entre la aspiración tradicional de carácter romántico-metafìsico y un deseo de insertarse en la vida concreta y los sufrimientos cotidianos...

Desde 1930 se inicia un nuevo ciclo en la obra poética que se caracteriza por el contenido social y bíblico.. ...La poesía rokhiana se vuelca en la defensa de la democracia, el socialismo y el antifacismo...

...El poeta intentó con su obra la gran tarea de crear una escritura que fuera capaz de equipararse a la complejidad de lo real en todas sus dimensiones: políticas, éticas, sicológicas, sociales, económicas, religiosas, filosóficas, afectivas. La escritura poética como producción imaginaria se convierte en representación histórica y social de la realidad, sin perder de vista su proyeccción como utopía liberadora, ligada a la conciencia y a la praxis. La escritura rokhiana es asi la aspiración a convertir el lenguaje poético en un paradigma que mueva los sentimientos, los pensamientos y las acciones del pueblo."

Si Pablo de Rokha pretendió convertirse o soñó o lo pensó en el poeta popular de Chile, no lo consiguió. Antes que él y más que él hubo otros que le aventajaron en el fervor y favor popular.

¿Por qué?, ¿en qué fracasó?,¿por qué su mensaje no fue aprehendido por la masa a la que pretendidamente siempre se dirigió, dado su carácter de poeta del pueblo?.Por un lado, conspira su estilo denso. Por otro, los motivos son enrevesados y hasta oscuros. Todo ello más otros factores hacen poco accesible su poesía al común. En definitiva es materia para el análisis y la reflexión.

LIBROS PUBLICADOS

- Versos de infancia.1916

- Sátira.1918

- Los Gemidos.1922

- U.1926

- Heroísmo sin alegría.1927

- Suramérica. 1927

- Satanás. 1927

- Ecuaciòn. Canto de la fórmula estética.1929

- Escritura de Raimundo Contreras. 1929

- Jesucristo.1937

- Moisés.1937

- Gran Temperatura.1937

- Cuarenta y un poetas jóvenes de Chile. 1943

- Arenga sobre el arte.1949

- Fuego Negro.1953

- Antología (1916-1953).1954

- Neruda y yo.1955

- Idioma del Mundo.1958

- Genio del Pueblo.1960

- Acero de Invierno.1961

- Canto de fuego a China Popular.1963

- Estilo de Masas.1965

- Mundo a mundo.1966

- Poemas rimados o asonantados.1966

- Tercetos dantescos a Casiano Basualto.1966

- Mis grandes poemas.1969

- Antologìa poética.1972

- Epopeya de las comidas y las bebidas de Chile.1986

- Nueva Antología.1987

-El amigo Piedra.1990.


sábado, 5 de septiembre de 2009

El "Págueme" en la cuitada vida de Pablo de Rokha



El "Págueme" en la cuitada vida de Pablo de Rokha


por Filebo

¿En qué mes de 1894 nació, al fin, Pablo de Rokha? ¿El 25 de noviembre, como sostiene su biógrafo Fernando Lamberg, o el 17 de octubre, como afirma Lukó de Rokha, hija del poeta? En el primer caso, De Rokha sería sagitario. En el segundo, sería libra. Pablo de Rokha tenía mucho más aspecto de sagitario que de libra. Pero dejemos de lado las supersticiones zodiacales para abordar el tema de las costumbres.

La vida de Pablo de Rokha no discurrió exactamente en un lecho de rosas. Con más exactitud, discurrió en un lecho de rocas. El apellido Rokha, dicho sea de paso, que adoptó en su juventud en reemplazo de su nombre civil no podría traducirse por lo que él deseaba o sugería pues, en vez de “roca”, Rokha vendría a significar “roja”. Tendríamos así que Pablo de Rokha no sería sino Pablo de “Roja”. Gracias a los desvelos de gente juiciosa como Naín Nómez (no Laín Gómez), Juan Pablo del Río y otros, la obra de Pablo de Rokha, uno de los tres o cuatro grandes de la poesía chilena de todos los tiempos, es desenterrada en estos días del panteón en que la sepultó la ingratitud de una época ante el asombro y el interés de los más jóvenes.

Según José de Rokha, hijo del autor de ‘‘Morfología del espanto”, en su mayor parte las anécdotas que salpican el itinerario del poeta pertenecen de hecho al género de la fábula. En explicación pública de lo que fue la vida en familia del poeta, acontecimiento verificado en la Sala América de la Biblioteca Nacional, el pintor José de Rokha afirmó que en la apreciación anecdótica del poeta desbarran por igual los especialistas en ditirambos y los maestros en diatribas. De acuerdo con sus palabras, Pablo, su padre, estuvo lejos de constituir el valentón algo megalómano que pretendieron destacar algunos. Como padre de familia, integrante él mismo de un elenco de 22 hermanos, con algunos de los cuales cortó amarras ya a horas del alba, no le fue fácil parar la olla cotidiana sin mengua del ropaje de arrogancia con que suele vestirse el trasformador del mundo. Cuesta muchísimo, en suma, vivir al mismo tiempo la fase de la creación poética y la fase del hombre que provee el sustento ordinario de los suyos.

En efecto, la lucha por los garbanzos de que hablan los españoles exhibe caracteres notablemente prosaicos. La lucha por la poesía llevó por lo común a los líridas antiguos a practicar una suerte de celibato. Si la Mistral y Neruda se hubieran llenado de hijos (Pablo de Rokha fue padre de nueve), es seguro que el destino de ambos habría mostrado líneas menos nítidas. Hombre pobre, no pobre hombre -“caballero proletario”, como le gustaba definirse-, Pablo de Rokha concebía la existencia al modo de un combate descomunal o colosal contra las impías fuerzas del filisteismo.

José de Rokha recordó sus horas de niñez pasadas en una casa modesta de la modesta calle Caupolicán, al otro lado del Mapocho. Allí se probó que el escritor es una institución virtualmente incapacitada para ganar plata. Las necesidades apremiantes obligaban al padre a recurrir a los servicios de la agencia de empeño (a cargo por lo general de un paisano español) situada en las cercanías. Había tiempos en que el viaje de los niños a la agencia de don Miguel, don Pepe o quien fuera, resultaba trajín diario. Don Miguel o don Pepe ostentaban la conducta de un hidalgo. Subían los valores de la prenda en oferta para servir mejor al poeta en apuros. De esta forma, yendo y viniendo, la vajilla de ochenta piezas de cristal se redujo a un lotecito de veinte. El caballero de la agencia de empeños seguía prestando el dinero como si se tratara del lote de ochenta.

Lo más doloroso se produjo cuando el padre pidió a José que fuese a empeñar el más hermoso par de zapatos de la casa: los zapatos que usaba precisamente Pablo y que, con verdadero amor, lustraba el propio José soñando acaso en un futuro de pintor brillante. Aquellos zapatos, tasados a ojo de niño por José en la posibilidad de un préstamo de 12 pesos, no lograron sacar en la realidad ni uno más que siete.La desilusión invadió al muchacho.

Pero todo eso no era terrible en comparación con el pavor que infundía un personaje de moda en dichos lugares y que no figuró jamás en nuestros libros: el “Págueme”. Según José de Rokha, el “Págueme” era un auténtico fantoche o cocoliche de carne y hueso, un mastodonte de hombre, vestido con ropa de etiqueta y tarro de pelo. Este fantoche llegaba a la puerta de una casa y profería el enorme grito de batalla: “Fulano de tal, págueme”. La insolencia y la vergüenza anonadaban a los moradores. Armado por los comerciantes del barrio, el “Págueme’’ hallaba escasa resistencia entre los vecinos que mantenían deudas insolutas.

La mañana en que el “Págueme” llegó a la casa de Pablo de Rokha presagió rayos y tormentas. Por las ventanas aparecieron ojos fijos. En ese mismo instante José de Rokha observó la trasfiguración de su padre. Al estentóreo e impudoroso bufido de “Págueme”, Pablo de Rokha se colocó con otro grito más sonoro, delante del agresor vestido de etiqueta. El poeta arrebató el báculo de que se acompañaba el cobrador disfrazado y dándole golpes en las piernas lo exhortó a la fuga.

El derrumbe bochornoso del “Págueme” desacreditó en el comercio del lugar tan indigno procedimiento de cobranza. Ello no permitiría librar de cuitas la difícil vida del poeta, pero al menos lo autorizaría a decir que había derrotado a un enemigo fantástico.


Escritos inéditos de Pablo de Rokha

Las Últimas Noticias / Lunes 12 de abril de 1999

por Filebo


Con Pablo de Rokha no había nada más dificil que ser objetivos...
Como él casi nunca lo era...
Naín Nómez, que, según nuestros datos, no alcanzó a conocer personalmente a Pablo de Rokha, ha llevado su adhesión a la memoria literaria del controvertido maestro del vanguardismo literario
en Chile al ejercicio del albaceazgo.

No deja escrito inédito de Pablo de Rokha sin revisar. De esta búsqueda prolija, según se lee en un semanario santiaguino, ha extraído tres libros: “Infinito contra infinito", “Cuero de diablo” y “Rugido de Latinoamérica”.

Entre paréntesis, existe un libro muy sólido de Guillermo Blanco titulado “Cuero de diablo”. Se trata de una perdurable colección de cuentos que Zig-Zag publicó en 1966.

De acuerdo con la crónica que relata las exploraciones de Nómez por los registros inéditos del autor de “Idioma del mundo”, “... no todo lo que escribió De Rokha durante los años 1967 y 1968 saldrá a la luz en la nueva publicación. Nómez reconoce que existe mucho material secundario (fue un escritor prolífico, autor de 38 volúmenes) y hay varias páginas de diatribas contra personajes de la época, aparte de su pública y mutua animosidad con Pablo Neruda. Por ejemplo, se expresa con
virulencia respecto del conocido crítico Hernán Díaz Arrieta (Alone) ...”

“A Alone lo trata de homosexual, lo que para De Rokha era un insulto importante. Lo acusa de haberse vendido a Neruda y a muchas otras cosas, ya sea (o fuese, ¿no?) por dinero, fama o
status.. .”

Recordamos cierta expresión que usaba Carlos Droguett para descalificar al Neruda de los años 60: “Ya está recalentando comida”. Escarbar en los postreros archivos de un maestro que ha escrito en abundancia y que ha publicado en abundancia, si es por traer a colación la imagen culinaria de Carlos Droguett, es como querer matar el de Rokha hambre con el raspado de la olla. A nuestro juicio es allí donde no debe acceder nunca el exégeta.

Para nosotros, que mantuvimos una leal amistad con Pablo de Rokha, amistad que nos permitió compartir la charla llena de franqueza alrededor de un sabroso guiso llamado chanfaina, la
aparición de las Memorias resultó una novedad absoluta por lo inesperada.

Nunca imaginamos a De Rokha escribiendo memorias. Pues bien, la presencia del poeta y
profesor Nómez en los cotos de la descendencia de Pablo de Rokha hizo posible el milagro de reunir páginas dispersas que parecían inarticuladas y que a la postre constituían la historia personal
del gran vate contándose a sí mismo.

Como decíamos al comienzo, la objetividad no era el signo de mayor fortaleza de Pablo de Rokha. Con él, frente a él, inevitablemente había que tomar partido. En forma curiosa, el día de 1965 en que celebró en su casa la obtención del Premio Nacional de Literatura, de su extenso comistrajo gozaron por igual amigos y enemigos. A vuelo de pájaro calculamos en una veintena el número de sus detractores que comían y bebían a expensas del hombrón generoso.

Eso tenía Pablo de Rokha: muy de capilla o fanático en sus posturas literarias, pero completamente manirroto en sus manifestaciones de amor por el prójimo. Ese día del Premio Nacional, era él, Pablo de Rokha, el primero en saber que su modesto y amable hogar de la calle Valladolid, en La Reina, era visitado en simpática algarabía por tenaces oponentes de antaño.

En nuestra mesurada opinión, donde hay un trabajo de fondo que exige la comparecencia de voluntariosos rokhianos es en las páginas de la revista “Multitud”. En esas páginas, Pablo de
Rokha, con este nombre o con algún otro seudónimo, escribió ensayos notables, tanto en el campo de la crítica como en el de la polémica. Reunir en un volumen tales ensayos daría lugar a un nuevo libro de la mejor vena del autor de “Arenga sobre el arte”.


domingo, 30 de agosto de 2009

OCEANÍA DE VALPARAÍSO


O los “porteños” son todos marinos, o los marinos son todos “porteños”, o las marinerías
dan la tónica a la fisonomía litoral, a las iglesias, a los prostíbulos, a las tabernas, a los patíbulos, al sol, a las cocinerías, a las pescaderías, a las borracherías, a las niñas bonitas que parecen damajuanas de porcelanas azul o guitarras o botellas de oro o tinajas de los abuelos, los bisabuelos, los tatarabuelos de Pomaire, acumuladas en la tonada nacional, el mar, el mar, el mar de Valparaíso, camina por los barrios y las bodegas, tuteándose, de hombre a hombre, con los trabajadores portuarios o los nortinos licoreados que “andan en tomas”, y las ropas tendidas son banderas o “claveles del aire” en los cordeles del proletariado creador de hogares, los cachureos-comercios ardiendo y saliendo de lo oceánico tentacular de tu escultura, como de los sargazos y los naufragios, o de antiguas batallas perdidas.
y los Mercados son puertos navieros del barrio de “El Cardonal” o de “La Aduana”,
anclados y atravesados de puñaladas, canciones y emigraciones.
como Marsella o Barcelona o Venecia o Liverpool o Nueva York, la gran ciudad podrida,
o Shangai, la gran ciudad heroica y progenitora, u Odessa o a la manera de la Babilonia de Nabucodonosor, en la que marranos de carne o seres humanos, encadenados a la misma coyunda del asesinato, acumulaban la sociedad partida en dos y enfurecida, o el garañón de látigos, en su enorme luto del mundo. (...)

Todos los caminos de todos los destinos de la tierra van a dar
al mar, Valparaíso. (...)

No buses corren, buques por las vías públicas de tu oceanografía: “el callejón de los
pimientos” o la “Subida de la Calagua”, que es la canilla de la puñalada y el cuero del viejo poeta Zoilo Escobar bracea nadando adolescencia abajo, las mareas de la Gran Mar Océano del Sur, desde su tumba verde o como musgoso de placton famoso; Carlos de Rokha nació y cantó muy grandes poemas adentro del complejo de tu pecho naviero, clavada la proa en los arcanos de la inmortalidad herida; y Tomás su hermano, rugía a la vida finita en la subida del Membrillo, arriba, ¡oh! Divino Valparaíso amigo, lo mismo, exactamente lo mismo, cuando el huaso a caballo domina la montura y la cabalgadura o cuando, bramando, la mula difunta lo patea o lo bostea contra su sombra, sí, en ti, “puerto viento”, puerto de hueso, puerto de fierro y lágrimas, aprendió a vivir y morir, colosal, con los dos años tronchados, a la vanguardia de la marinería de antaño. (...)

La oceanografía no es tu régimen, lo es la cantidad oceánica, la cual da la calidad
oceánica, transformándose y ordenándose y superándose
en tu estupendo poderío
espantoso, como un “Dios” decapitado, como un ataúd que se parase de repente y
se pusiera a gritar y a llorar como un tomo de poemas, solo.



martes, 25 de agosto de 2009

CANTO DEL MACHO ANCIANO. Por Pablo de Rokha


CANTO DEL MACHO ANCIANO. Por Pablo de Rokha

Pablo de Rokha, Premio Nacional de Literatura 1965. Presentación de Jorge Teillier, publicada en el Boletín de la Universidad de Chile, diciembre de 1965. El poeta Pablo de Rokha, que este año obtuvo el Premio Nacional de Literatura, es un escritor que cuenta a su haber creador con cincuenta años de labor literaria y más de treinta libros publicados, todo lo cual le daba de sobra derecho a la máxima recompensa literaria del país.

Pablo de Rokha [que figuraba ya en Selva lírica, la siempre citada antología de 1917] irrumpe de cuerpo entero con una obra de excepción, Los gemidos [1922]. Desde este momento el poeta no pasará ya inadvertido. Su aporte no era la quiebra del verso libre [ya hecha por Pedro Prado en 1908 con sus Flores de cardo] ni la expresión de la transformación del mundo por la imagen [iniciada por Huidobro en El espejo de agua, 1916], sino la amalgamación de un desenfadado ímpetu verbal con el acarreo de todos los materiales reputados hasta entonces como antipoéticos. Irrumpen juntos 'el barro y las rosas', al decir del novel poeta de aquel entonces Pablo Neruda, en una nota crítica de Claridad, la revista de los estudiantes. Es un caudaloso torrente en el cual un Yo hipertrofiado se revela en una dicción a veces trabajosa, pero que arrastra en un torrente conmovedor los dichos y hechos de nuestra tierra y de sus hombres. Pablo de Rokha tiene la virtud de concitar la más decidida animadversión o la admiración más rendida ['este es un poema que hay que leer de rodillas', dice el poeta Mahfud Massis*, yerno suyo, al referirse al Canto del Macho Anciano]. Sus antiapologistas suelen coincidir en un punto: 'un poeta cuyos versos buenos son como hallar -y se halla- una aguja en un pajar, demasiado hablante, siempre lanzando peñascos de la misma dimensión'.

Sin embargo, si se accede a leer su copiosa obra, se ve una evolución en espiral.

Del anarquismo inicial [expresado en su libro de ensayos Heroísmo sin alegría, 1927] en donde define al comunismo como 'cosa de cerdos', deriva a un tono de epopeya popular a través de un personaje rabelesiano: Escritura de Raimundo Contreras -que continúa en parte de su obra actual. Luego siente el impacto del comunismo y se incorpora a la lucha política, lo que se refleja en su obra especialmente a partir de Canto de trinchera [1933], culminando en su último libro Estilo de masas. Por otra parte [y esto es un peligroso clisé donde frecuentemente se quiere encarcelar al poeta], Pablo de Rokha es el cantor de las comidas y bebidas de nuestra tierra, partiendo -como él mismo lo ha dicho- de que se ha bebido y comido a casi todo Chile. Su vida trashumante, de vendedor de sus propios libros, le ha dado un conocimiento minucioso del país, y ha hecho que se transforme -para el vulgo- en una especie de Gargantúa. Pero pensemos que, esencialmente, Pablo de Rokha es un hombre del viejo Chile central, nacido en una época todavía patriarcal, en un país que aún era 'rector en América Latina', con una moneda fuerte, con confianza en sí mismo [no existía aún el complejo del subdesarrollo, estimulado por nuestros subdesarrollados economistas]. Era un Chile dionisíaco, cuya personalidad está reflejada con real originalidad en de Rokha:

Y, ¿qué me dicen ustedes de un costillar de chancho con ajo, picantísimo, asado en asador de maqui, en junio, a las riberas del peumo o la patagua o el boldo que resumen la atmósfera dramática del atardecer lluvioso de Quirihue o de Cauquenes, / o de la guanaco en caldo de ganso, completamente talquina o licantenino de parentela?,

La chichita bien madura brama en las bodegas como una gran vaca sagrada, / y San Javier de Linares ya estará dorado, como un asado a la parrilla, / en los caminos ensangrentados en abril, la guitarra / del otoño llorará como la mujer viuda de un soldado, / y nosotros nos acordaremos de todo lo que no hicimos o pudimos y debimos y quisimos hacer, como un loco / asomado a la noria vacía de la aldea...

Sí, un gran dionisíaco, pero torturado por la certidumbre de que ese mundo patriarcal es un mundo en ruinas, y de que su camino debe ser otro; que abandona ese mundo, así como abandona el de la iglesia que atrapó su adolescencia ['Primero me agarró, por adentro, la Iglesia Católica, el Seminario, su manotada más pálida y su día domingo en lúgubre...'], de ahí a entonces se incorpora a una interpretación del mundo contemporáneo, trata de abrazar todos los tiempos, todos los países, todos los fenómenos históricos. De esa poesía épica, en tono mayor [tildada de monocorde], nacen a veces grandes descripciones, como aquella de Lenguaje del continente [1943] cuya descripción de los EE.UU. no vacilamos en estimar como de mayor intensidad que la de Howl de Allen Ginsberg, que tanta conmoción causa en muchos círculos poéticos de América Latina. Veamos un trozo:

...He mirado bajar a patadas al capitán negro con sus condecoraciones / de héroe nacional todo de luto desde los / tranvías de ajedrez del Washington infernal y asesinarlo / entre los oros pálidos de P. Street, en Dupont-Cercle, / he mirado los hoteles cósmicos de Miami albergar gangsters / y estrellas de Hollywood, / banqueros, prostitutas, obispos y diplomáticos, echando con / asco al varón de color, / y comer basura en New Orleans a los viejos judíos que / huían de Chicago acosados como estropajos por las jaurías inmundamente / borrachas del Ku-Klux-Klan, abrigándose el estómago con los poemas / de Cari Sandburg con el delirio genital religioso del Sinaí / ardiendo.

Pero este poeta épico da también en ocasiones las más hermosas notas líricas. Recordemos ese tan citado poema 'Círculo':

Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente / como la eternidad encima de los muertos / recuerdo que viniste y has existido siempre / mujer, mi mujer mía, conjunto de mujeres, / toda la especie humana se lamenta en tus huesos.

En fin, el Premio Nacional ha venido a señalar a la atención publica
y a dar una suerte de inmortalidad a un poeta que ha recorrido todo Chile con gran amor, y 'ganándose la vida a patadas', como él mismo lo ha dicho. Que ha hecho de su poesía tanto su expresión vital como un arma de combate. Que como la mayor parte de los poetas de Chile, ha vivido con máxima modestia. A un poeta que lo ha sido toda una larga y azarosa vida.

CANTO DEL MACHO ANCIANO. Pablo de Rokha

Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herido a la manera de palomas
............... que se deshojan como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.
Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo espanto a los acantilados
............... de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.
Y como ya todo es inútil,
como los candados del infinito crujen en goznes mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.
Escucho el regimiento de esqueletos del gran crepúsculo,
del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco, maníaco de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas, el ámbito terriblemente pálido
de los fusilamientos, la angustia
del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas, a quinientas leguas abiertas
del campo de batalla, y sollozo como un pabellón antiguo.
Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero
por adentro del invierno se levanta el hongo infernal del cataclismo personal,
............... y catástrofes de ciudades
que murieron y son polvo remoto, aúllan.
Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino, carecen de
estilo y de espada,
carecen de dirección, de voz, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como suicidio; un mito enorme,
equivocado, rupreste, de rumiante
fue el existir; y restan las chaquetas solas del ágape inexorable, las risas caídas
y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.

Fallan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso, se recoge a la medida del abatimiento
............... o atardeciendo
araña la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados;
yo ando lamiendo su ternura,
pero ella se diluye en la eternidad, se confunde en la eternidad, se destruye en
............... la eternidad y aunque existo porque batallo y 'mi poesia es mi
............... militancia',
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.
Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,
lo postpretérito y difícil, arado de pasado e infinitamente de olvido, polvoso
y mohoso como las panoplias de antaño, como las familias de antaño
...............como las monedas de antaño,
con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos, o aquello únicamente aquello
que se está cayendo en las formas,
el yo público, la figura atronadora del ser
que se ahoga contradiciéndose.

Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice de nosotros, emborrachándonos,
...............cuando nos llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosotros mismos como mitos.

Estamos muy cansados de escribir universos sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón adolescente, se arrastra
como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las montañas de la literatura como en la
..............juventud heroica, que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo, definitivamente viejo, y apuñalado
de padecimientos,
ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,
el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad y la naturaleza me abruma;
¿qué les sucede a los ancianos con su propia ex-combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo y son fuego rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,
lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando sombra contra sombra.
Viviendo del recuerdo, amamantándome
del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.
¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando lo hicimos todo, lo quisimos
..............todo, lo pudimos todo y se nos quebraron las manos,
las manos y los dientes mordiendo hierro con fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de lo cuotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,
desbarrancándonos como peñascos o como caballos mundo abajo,
vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota de la ancianidad;
vacias restan las botellas,
gastados los zapatos y desaparecidos los amigos más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
y tu, Winétt, colosal e inexorable.
Todas las cosas van siguiendo mis pisadas, ladrando desesperadamente,
como un acompañamiento fúnebre, mordiendo el siniestro funeral del mundo,
..............como el entierro nacional
de las edades, y yo voy muerto andando.
Infinitamente cansado, desengañado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado en lo ejecutado o desperdiciado
..............o abandonado o atropellado al avatar del destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera despedazada;
comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino
..............a la baraja
de la expresionalidad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y la retreta apolillada en los extramuros.
Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre y el vendaval desenfrenado
..............que yo soy íntegro, se asocie
a la personalidad popular del huracán!
A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia, una gran lágrima enfurecida
derrama tiempo con sueño y águilas tristes;
cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.
El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador de naciones y el fundador de
..............ciudades tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo soñado como errado y vil o trocando en el escarnio celestial del vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del canto
al soñador que arrastraría adentro del pecho universal muerto, el cadáver de
..............un conductor de pueblos,
con su bastón de mariscal tronchado y echando llamas.




martes, 4 de agosto de 2009

CANTO DEL MACHO ANCIANO (fragmento)


CANTO DEL MACHO ANCIANO
(Editorial Universitaria. 1961)
(fragmento)


Pablo de Rokha



Sentado a la sombra inmortal de un sepulcro,
o enarbolando el gran anillo matrimonial herido a la manera de palomas
............... que se deshojan como congojas,
escarbo los últimos atardeceres.

Como quien arroja un libro de botellas tristes a la Mar-Océano
o una enorme piedra de humo echando sin embargo espanto a los acantilados
............... de la historia
o acaso un pájaro muerto que gotea llanto,
voy lanzando los peñascos inexorables del pretérito
contra la muralla negra.

Y como ya todo es inútil,
como los candados del infinito crujen en goznes mohosos,
su actitud llena la tierra de lamentos.

Escucho el regimiento de esqueletos del gran crepúsculo,
del gran crepúsculo cardíaco o demoníaco, maníaco de los enfurecidos ancianos,
la trompeta acusatoria de la desgracia acumulada,
el arriarse descomunal de todas las banderas, el ámbito terriblemente pálido
de los fusilamientos, la angustia
del soldado que agoniza entre tizanas y frazadas, a quinientas leguas abiertas
del campo de batalla, y sollozo como un pabellón antiguo.

Hay lágrimas de hierro amontonadas, pero
por adentro del invierno se levanta el hongo infernal del cataclismo personal,
............... y catástrofes de ciudades
que murieron y son polvo remoto, aúllan.

Ha llegado la hora vestida de pánico
en la cual todas las vidas carecen de sentido, carecen de destino, carecen de
estilo y de espada,
carecen de dirección, de voz, carecen
de todo lo rojo y terrible de las empresas o las epopeyas o las vivencias ecuménicas,
que justificarán la existencia como peligro y como suicidio; un mito enorme,
equivocado, rupreste, de rumiante
fue el existir; y restan las chaquetas solas del ágape inexorable, las risas caídas
y el arrepentimiento invernal de los excesos,
en aquel entonces antiquísimo con rasgos de santo y de demonio,
cuando yo era hermoso como un toro negro y tenía las mujeres que quería
y un revólver de hombre a la cintura.

Fallan las glándulas
y el varón genital intimidado por el yo rabioso, se recoge a la medida del abatimiento
............... o atardeciendo
araña la perdida felicidad en los escombros;
el amor nos agarró y nos estrujó como a limones desesperados;
yo ando lamiendo su ternura,
pero ella se diluye en la eternidad, se confunde en la eternidad, se destruye en
............... la eternidad y aunque existo porque batallo y "mi poesia es mi
............... militancia",
todo lo eterno me rodea amenazándome y gritando desde la otra orilla.

Busco los musgos, las cosas usadas y estupefactas,
lo postpretérito y difícil, arado de pasado e infinitamente de olvido, polvoso
y mohoso como las panoplias de antaño, como las familias de antaño
...............como las monedas de antaño,
con el resplandor de los ataúdes enfurecidos,
el gigante relincho de los sombreros muertos, o aquello únicamente aquello
que se está cayendo en las formas,
el yo público, la figura atronadora del ser
que se ahoga contradiciéndose.

Ahora la hembra domina, envenenada,
y el vino se burla de nosotros como un cómplice de nosotros, emborrachándonos,
...............cuando nos llevamos la copa a la boca dolorosa,
acorralándonos y aculatándonos contra nosotros mismos como mitos.


Estamos muy cansados de escribir universos sobre universos
y la inmortalidad que otrora tanto amaba el corazón adolescente, se arrastra
como una pobre puta envejeciendo;
sabemos que podemos escalar todas las montañas de la literatura como en la
..............juventud heroica, que nos aguanta el ánimo
el coraje suicida de los temerarios, y sin embargo yo,
definitivamente viudo, definitivamente solo, definitivamente viejo, y apuñalado
de padecimientos,
ejecutando la hazaña desesperada de sobrepujarme,
el autorretrato de todo lo heroico de la sociedad y la naturaleza me abruma;
¿qué les sucede a los ancianos con su propia ex-combatiente sombra?
se confunden con ella ardiendo y son fuego rugiendo sueño de sombra hecho de sombra,
lo sombrío definitivo y un ataúd que anda llorando sombra contra sombra.

Viviendo del recuerdo, amamantándome
del recuerdo, el recuerdo me envuelve y al retornar a la gran soledad de la adolescencia,
padre y abuelo, padre de innumerables familias,
rasguño los rescoldos, y la ceniza helada agranda la desesperación
en la que todos están muertos entre muertos,
y la más amada de las mujeres, retumba en la tumba de truenos y héroes
labrada con palancas universales o como bramando.

¿En qué bosques de fusiles nos esconderemos de aquestos pellejos ardiendo?
porque es terrible el seguirse a sí mismo cuando lo hicimos todo, lo quisimos
..............todo, lo pudimos todo y se nos quebraron las manos,
las manos y los dientes mordiendo hierro con fuego;
y ahora como se desciende terriblemente de lo cuotidiano a lo infinito, ataúd por ataúd,
desbarrancándonos como peñascos o como caballos mundo abajo,
vamos con extraños, paso a paso y tranco a tranco midiendo el derrumbamiento general,
calculándolo, a la sordina,
y de ahí entonces la prudencia que es la derrota de la ancianidad;
vacias restan las botellas,
gastados los zapatos y desaparecidos los amigos más queridos, nuestro viejo tiempo, la época
y tu, Winétt, colosal e inexorable.

Todas las cosas van siguiendo mis pisadas, ladrando desesperadamente,
como un acompañamiento fúnebre, mordiendo el siniestro funeral del mundo,
..............como el entierro nacional
de las edades, y yo voy muerto andando.

Infinitamente cansado, desengañado, errado,
con la sensación categórica de haberme equivocado en lo ejecutado o desperdiciado
..............o abandonado o atropellado al avatar del destino
en la inutilidad de existir y su gran carrera despedazada;
comprendo y admiro a los líderes,
pero soy el coordinador de la angustia del universo, el suicida que apostó su destino
..............a la baraja
de la expresionalidad y lo ganó perdiendo el derecho a perderlo,
el hombre que rompe su época y arrasándola, le da categoría y régimen,
pero queda hecho pedazos y a la expectativa;
rompiente de jubilaciones, ariete y símbolo de piedra,
anhelo ya la antigua plaza de provincia
y la discusión con los pájaros, el vagabundaje y la retreta apolillada en los extramuros.

Está lloviendo, está lloviendo, está lloviendo,
¡ojalá siempre esté lloviendo, esté lloviendo siempre y el vendaval desenfrenado
..............que yo soy íntegro, se asocie
a la personalidad popular del huracán!

A la manera de la estación de ferrocarriles,
mi situación está poblada de adioses y de ausencia, una gran lágrima enfurecida
derrama tiempo con sueño y águilas tristes;
cae la tarde en la literatura y no hicimos lo que pudimos,
cuando hicimos lo que quisimos con nuestro pellejo.

El aventurero de los océanos deshabitados,
el descubridor, el conquistador, el gobernador de naciones y el fundador de
..............ciudades tentaculares,
como un gran capitán frustrado,
rememorando lo soñado como errado y vil o trocando en el escarnio celestial del vocabulario
espadas por poemas, entregó la cuchilla rota del canto
al soñador que arrastraría adentro del pecho universal muerto, el cadáver de
..............un conductor de pueblos,
con su bastón de mariscal tronchado y echando llamas.

domingo, 19 de julio de 2009

PABLO DE ROKHA: GENIO DE LA POESÍA CHILENA


PABLO DE ROKHA: GENIO DE LA POESÍA CHILENA

por José G. Martínez Fernández.


¿Conoce usted a Carlos Díaz Loyola?

He allí al mismo Pablo de Rokha “seudonomizado”…el genio, el poeta grande de Chile, el maestro de tantos…de buenos y de malos poetas, tal como sucedió con los “hijos” del ilustre parralino, el gran Neruda, que ha tenido una camada de defensores a ultranza. Buenos y malos defensores…

Hablar de Pablo de Rokha –obviando parte de su horrible poesía política- es hablar de la poesía hecha lava de volcán, atropello a la convicción generalizada de que la poesía no puede ser una violenta expresión, una bomba, contra la escritura corriente, abrumada, imbecilidad de lo siempre dicho y no cambiado.

De Rokha hizo de su poesía intimista y parte de su creación universalista y también parte mínima de su poética política, un cúmulo de espacios llenos de belleza, entendida ésta como aquel hito de inteligencia y de talento que todo buen poeta ha de crear…

¡Y qué grande era (y es) la poesía de Pablo de Rokha!

Hundido por las circunstancias banales de gobernantes, autoridades y críticos muy dependientes del formalismo del Sistema, le fue difícil al grande bardo ocupar el espacio que hoy le asignamos…

Sólo el gobernante Juan Antonio Ríos dio a Pablo de Rokha lo que era del poeta. Le concedió un viaje largo por esta América de luz, sangre y dolor…

Fue Ríos el único visionario…El ÚNICO de los presidentes contemporáneos de Pablo de Rokha…que entendió la grandeza del poeta.

En el campo de los entendidos y creadores literarios chilenos tuvo algunos defensores: Juan de Luigi, Mario Ferrero, Carlos Droguett, Luis Sánchez Latorre y otros pocos.

Chile…¿Cómo pudo Chile obviar la presencia de este genio? ¿Cómo pudo ocultársele a todo el país de O’Higgins la presencia del poeta grande?

Sabemos o podemos suponer donde están aquellos que quisieron apagar tan alta voz, tal talento, tan alta lucidez…pero no vale la pena citarlos: están cubiertos de polvo de cementerio.

Pablo de Rokha es el Ave Fénix de Chile, de la poesía de Chile: Viene desde un hoyo profundo a hacerse presente en las alturas a que asisten los elegidos de los dioses…

Hoy su poesía está siendo reconocida, soñada, admirada…Hoy Pablo de Rokha está ubicándose en el lugar que ha mucho merecía.

Entra a la historia grande de la poesía. Aplaude desde el limbo León Felipe y muchos poetas más.

Esta es una crónica nacida del sentimiento y la verdad más que del estudio sesudo y el de la Academia.

Salud don Pablo. Salud don Pablo de Rokha.




viernes, 17 de julio de 2009

Tercetos Dantescos a Casiano Basualto


Tercetos Dantescos a Casiano Basualto
de Pablo de Rokha


(Dedicado a Pablo Neruda)

Gallipavo senil y cogotero
de una poesía sucia, de macacos,
tienes la panza hinchada de dinero.

Defeca en el portal de los maracos,
tu egolatría de imbécil famoso
tal como en el chiquero los verracos.

Legas a ser hediondo de baboso,
y los tontos te llaman: ¡«gran podeta»!
en las alcobas de lo tenebroso.

Si fueras un andrajo de opereta,
y únicamente un pajarón flautista,
¡sólo un par depatadas en la jeta!...

Pero tu índole sadomasoquista,
un tiburón de las cloacas suma
a la carroña del oportunista.

Y si eres infantil como la espuma,
eres absurdo Cacaseno oscuro,
si el escribir con menstruación te abruma.

Granburgués, te arrodillas junto al muro
del panteón de la Academia Sueca,
a mendigar... ¡dual amoral impuro!

Y emerge el delincuente hacia la pleca
de la carátula facinerosa,
que exhibe al sol la criadilla seca.

Astuto, ruin, tarado, voz gangosa,
saqueas a la U.R.S.S, envilecido,
con la tremenda mano estropajosa.

Flojo arribista, tonto y bien comido,
dijiste de este norme pueblo ardiente:
«Chile, país de cafres», ¡gran bandido!

Eres la negra cabeza de puente
de la horrorosa corrupción burguesa
en el filo-marxismo decadente.

Avido como pájaro de presa,
refleja tu persona a un mar de idiotas,
y es su retrato, en ti, lo que interesa.

Por eso no caminas, y rebotas
contra la parte más noble y sufriente
de tu partido, y te ladran las botas.

¡Tú, el discriminador impenitente,
burócrata y plutócrata racista
que insulta a herida, a eterna, a heroica gente!...

Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.

Es que tienes costumbres de alquimista
de fiambrería, y es que estás vendido,
todo, al gran criminal imperialista.

La baba oscura del hampón, hundido
en la maldad oblicua del plagiario,
te chorrea del corazón podrido.

Y las pelotas del «estravagario»,
juegan al campeonato del canalla
en el gran orinal «crepusculario».

Eres el «jefe» de una tal morralla,
tan desleal como todo cobarde,
y mereces escupos, no metralla.

Calumniador e infamador, tu alarde
de apropiarte de un muerto es de demente,
que se ahoga en los mares de la tarde.

Abominando del hombre valiente,
echas en cara la desgracia humana,
y, al insultar, muestras la bestia ingente.

¡Es tan abyecta tu actitud marrana
y es tan de amoral tu ejecutoria...
¡debiste ser hijo de puto y rana!...

Chillas por eso pidiendo euforia
necio-anormal de «un puntapié en el culo»,
y el ser pro-imperialista es tu victoria.

Tu condición de Judas y de Chulo,
corrompe con dinero mal habido,
y a quien explotas, lo declaras nulo.

Tu verso inmoral se ha «enriquecido»
de un mil de pederastas de prontuario:
cantas por paga, en tu rabel transido.

Estafándola, alzando su calvario,
a aquella fiel humilde «hormiguita»,
formas la roña del prostibulario.

Por tu gran colección hermafrodita
sin que falte una loca Concha sola,
la Reacción mundial te felicita.

la miendo por debajo de la cola
al ladrón del Viet Nam, al asesino,
eres el héroe de la coca-cola.

Gran comensal del Wall Street ladino
miras a Cuba como los «gusanos»,
y su martirio te importa un comino.

Tu comunismo es farsa de Casi Anos
emputacidos y escandalosos,
que vende, como reses, sus hermanos.

Ceñido de mugrientos y roñosos,
tinterillo de latifundistas,
yo te comparo a los perros tiñosos.

Defiendes, pisoteando comunistas,
a los patrones contra los peones,
y los dueños de fundo son tus pistas.

Ladroneando, eres tú flor de bribones,
y como vives de seres dudosos,
auspicias guardaespaldas maricones.

Insultador de héroes grandiosos,
como Mao Tse-tung y su Partido,
entregas sangre ajena alos golosos.

Tu «pedosita» es pacotilla, herido
de vanidad añeja de ramera,
«gozas» de «fama», pero estás vencido.

A la siniestra mafia aventurera
de la chacota en la literatura
tu camarilla le dio pedorrera.

¡Oh! mixtificador, tu sinecura
de atorrante político, «escruchante»
poético, es un tarro de basura.

Engañas a «las musas», y el cantante
de prostíbulo que hay en tus muletas,
en las ideas es un comerciante.

Sodomitas, rufianes, proxenetas,
pacotilleros y filibusteros,
te corretean entre cuchufletas.

Bohemio y metafísico, en usleros
de material confuso estás sentado,
como en grandes divanes de braseros.

De «Derecha» y de «Izquierda» te has timbrado
y oscilas de entre alones y loyolas,
manoseando para lado y lado.

Como te arrastran las sesenta bolas
de las antologías criminales,
te balanceas en las carambolas.

Un rebizno mundial de homosexuales,
monta la máquina cosmopolita
de tus negocios internacionales.

Y hasta el cura pronazi aranedita
llorando se arremanga las polleras
en honor de tu gran guata «bendita».

Yegua de arreo, riega las praderas
de la bohemia tu meada de piojo
funeral, corroído de goteras.

Los de Hernanes, el negro y el rojo,
son los sucios eunucos amarillos
de tu harem: Cardenal y Matapiojo.

Ellos te chupan de los calzoncillos
la bazofia, con lengua de lacayos:
pían sin pico, aunque son pajarillos.

Tal como dos esclavos, dos cipayos
enmascarados en su podredumbre,
sirvientes del verdugo y papagayos.

Los «capos» de la antigua servidumbre
te abandonaron por ingrato e inmundo
como a un cuchillo mordido de herrumbe.

Hoy por hoy, solo, en el hoyo del mundo
chillas y gritas, espantosamente,
lo mismo que un zapato moribundo.

Y aunque manchas tu patria, impunemente,
contrbandeando éxito por mérito,
te escupe un gran gargajo frente a frente.

Vendido a Norteamérica, el pretérito
de tus engaños al proletariado,
da vuelta la chaqueta al benemérito.

Traidor y desertor calificado,
te burlaste de los trabajadores
yendo de negociado en negociado.

Tu frenesí es corruptor de menores
intelectuales, «regolucionario»
a lo Mansilla, «Rey» de embaucadores.

«La araña negra» y «el patibulario»
te llamó Juan de Luigi, al cual echabas
en cara la ceguera... ¡oh!, mal corsario.

Telarañoso y mercantil, alabas
lo que negaste, como equilibrista,
y al Premio Nobel lo llenas de babas.

De país en país, gran arribista,
tu gonorrea literaria has ido
vendiendo como egregio pendolista.

Tu «reconciliación» de forajido
con el imperialismo, es lo más lógico:
se van de corrompido a corrompido.

Como un bruto o eunuco patológico
estás sobre las clases defecando
y a tu estiércol lo estimas antológico.

Un viejo perro muerto anda aullando
en tus quejidos de gran roña ahita
y, al vomitar, te vas desintegrando...

Toda tu obra mal robada, imita:
«Macchu-Picchu» es Ramponi, el argentino,
a quien plagiaste su «Piedra Infinita».

Tagore, Baudelaire, Vallejo, (vino
y mito), te encubren, y te aterra
haber transado tu alma de cochino.

El fosil colonial de Inglaterra
entre biblias y whiskyes y serpientes
engendró «Residencia en la Tierra».

Si hablando a gentes proletarias, mientes,
mientes cantando y llorando y, mintiendo,
mientes a delincuentes y a inocentes.

Como lo heroico no lo estás viviendo,
tú frenas la potencia de las masas
con tu veneno «poético» horrendo.

Por tus siete maletas, sobrepasas
el equipaje multimillonario,
cuando el botín repleta tus tres casas.

A alguna menopáusica de acuario,
«tu Farewell» ¡de Blomberg!, le produjo
alteraciones en su calendario.

Sabat Ercasty te dejó con pujo
sangriento, y «El Hondero Entusiasta»,
es la baraja y el moco del brujo.

Siendo un feto, te das de iconoclasta,
y a mí me has estafado desde el nombre
a esta línea de fuego, que te aplasta.

No eres un hombre pobre un pobre hombre
condecorado como a un espía
del anticomunismo, cobre a cobre.

«Punta de lanza» de la porquería
capitalista, porque no batallas,
en la agonía de la burguesía.

Ni Trujillo agregó a tantas medallas
tanta asquerosa maldad engañosa,
y «Chapitas» fue ejemplo de canallas.

El gran oficialismo es tu ruidosa
pantalla, adulas a cualquier Gobierno
y le cambias por plata, verso o prosa.

«Gran mal poeta», (engendro del infierno),
te llamó Juan Ramón en «Españoles
de Tres Mundos», Caín de mas de un cuerno.

¡Y tú, coleccionando caracoles
o mascarones en que te defines!...
«Radio La Habana» baleó tus controles...

Entre los más rosados querubines,
te «canonizarán» de comunista
con la trompeta de los malandrines.

Un Belaúnde pronacifascista
y asesinador de guerrilleros
coronó tu cinismo de pancista.

Como a chancha «matada», los culeros
te lastiman el lomo y las berijas,
(dos instrumentos de los marulleros).

Es decir, las ambiguas sabandijas
de la retórica y de la poética,
ya sólo en los sobacos las prohijas.

Porque como eres «loco» de la estética
y el robot parroquial de un clan idiota,
hasta tus cómplices piden genética.

¿Tú revolucionario? La pelota
del trotzquismo te cuelga del hocico,
enmascarándote. Y Lenin te azota.

Con tu conducta de sapo y de mico
ofendes a la inmensa clase obrera,
y a costillas del pueblo eres tan rico.

Además, el Pentágono reitera
en dólares sonantes y contantes,
su amor a la canalla aventurera.

Y la CIA procura resonantes
éxitos al carajo «bien portado»
y condecoraciones y diamantes.

Y un horrendo esplendor prefabricado
y queso y pan y vino, todo de oro,
y los difraces del enmascarado.

La gritería universal, el toro
de cartón rojo, el Caballo de Troya,
la gran máquina-jaula para el loro.

Turbia gran bruja macabra de Goya
es tu aflicción de «Toribio Gallina,
el Náufrago», colgando de una bo... ya.

A tu «realismo» échale formalina
en el tronco esencial de la macana,
porque muestra su lengua femenina.

La épica social americana
la escribo yo, rugiendo pueblo adentro,
con mi pluma-fusil, (gran hacha humana).

Y tu canción de amor es epicentro
de mistificadores, y bolina
de maricas, con punto y como al centro.

Lo bautizaste como «Guillermina»
al «Mascarón», que oculta tus «apremios»
de bailarín de la Tía Carlina.

Y si aún deseas premios y más premios,
te ofrezco el premio a la sirvengüenzura
colosal y feroz de los bohemios,

que se cavan la propia sepultura:
no importas tú, ¡importa tu impostura!...


jueves, 16 de julio de 2009

PABLO DE ROKHA: LA TERNURA Y LA FURIA

10 de Septiembre de 1968. Un día como hoy pone fin a sus días el poeta Pablo de Rokha. Es por esto que en el marco de la conmemoración de los 40 años de su muerte, hemos decidido publicar este artículo en su memoria.

“yo no me sujeto a reglas, y por eso no tengo estilo” -Pablo Picasso-

Las páginas centrales de una revista chilena ya extinta, muestran unas fotografías en gris y negro que revela una historia sombría: el éxodo de desplazados – refugiados llegando desde otras fronteras. Son desposeídos y arrojados de sus hogares por los habitantes de esos pueblos. Pocos llevan más que sus trajes raídos; muchos están enfermos y hambrientos. Algunos ya murieron en los vagones del tren que los trajo a la estación de Anhalter, Berlín. Vienen de Polonia, Checoslovaquia, Hungría…. vagan de un lado a otro o se ocultan en las ruinas de la ciudad. La mayoría no tiene otra perspectiva que morir de hambre en el invierno europeo…son alemanes de Europa Central que a su regreso son rechazados por sus compatriotas. Es 1945.

Se expande un escenario de incertidumbres mientras se avivan las pugnas entre los sobrevivientes –culpas, responsabilidades, razones, fracasos- que motiva, una vez más, un repensarse y cuestionarse en un lenguaje de efervescencias que ya se había presentado durante el interludio de pax precaria entreguerras. Ciudadanos y ciudadanas, artistas plásticos, escritores, músicos, políticos reaccionan frente a la desolación, que requiere urgentemente un reordenamiento humano; un acogimiento al clamor de una voz que pide respuestas porque “la tierra entera es huella de vagabundaje”

En Chile, gracias a su lejanía, el oprobio se sintió menos; tal vez pudo notarse el efecto en el comercio local y en las importaciones o en el distanciamiento entre un arribo y otro de naves europeas a Valparaíso. Las voces de vencedores y vencidos no alteraban mayormente el sueño de nuestro país y aquella gran devastación era debida y escuetamente referida en las pautas de noticias internacionales, así como el detalle de invitados a un estreno en sociedad o matrimonio santiaguino y, desde luego, reflexiones de Alone sobre, por ejemplo, Paul Valery o Victoria Ocampo.

Sin embargo, aquí también hubo quiénes acusaron la dimensión monstruosa de esa guerra terminada por segunda vez; el relato monocorde del extermino sistemático y tecnificado en Mathausen, Bergen-Belsen, o Treblinka….. Hubo muchos chilenos, algunos de ellos agrupados en la denominada Alianza de Intelectuales, creada por Pablo Neruda, cuyo propósito era también acoger a los desterrados de España franquista. Hombres y mujeres chilenos, pensaron, trabajaron, repensaron desde su taller, mesa o lienzo, cómo, para nombrar algunos, Pedro Lobos, Stella Díaz Varín, Camilo Mori, Juvencio Valle, José Miguel Varas….y también Pablo de Rokha.

El poeta ya venía expresando la angustia del mundo desde su juventud, en el fértil período de la entreguerra, en su trinchera, cavada con su fuego personal y desesperado, “hallando el olor y sabor del dolor del mundo” , enfrentando la sinrazón de un orden donde impera el progreso y el cientifismo. Su lenguaje da cuenta de los tiempos que, de alguna manera, se reflejan también en Chile. Es, además, una voz que se adelanta a su época en 30 o más años; luchando para lograr derramarse en el entramado espiritual de su patria. Durante mucho tiempo fue poco comprendido y aceptado aún menos.

El hombre que se auto proclama “capitán de conciencias” o “patriarca cósmico” es un ser que con su vida “va arañando el dolor del Hombre y las entrañas de Dios con las uñas”. Por cierto, un Dios que no es tal, porque le “envenenó la alegría de la existencia” y cuya desidia parece burlarse de las desgracias del ser humano; él incluido.

Aquellas fotografías negro-grises de seres famélicos y enfermos que emprenden un retorno a su tierra, autorizados para refugiarse en ella sólo durante 24 horas, son el espejo no tan sólo del paso de una generación y la tragedia de un continente durante un período de la historia, sino también la entronización de un ser y estar en el mundo: fisurados y lacerados. Ello conmueve entrañablemente al poeta, reconociendo, tal vez, su propia desesperación y la desdicha del Hombre contemporáneo. He ahí, entonces, sus textos caóticos y fragmentados, desbordantes y repetitivos… atacados y alabados:

“…mis pantalones continúan la raya quebrada del siglo;
semejante a una inmensa oficina de notario,
poblada de aburrimiento,
la tinaja ciega de la voluntad llena de moscas.

“Un muerto errante llora debajo de mis canciones
deshabitadas.”

…”escucho la muerte roncando por debajo del
mundo
a la manera de las culebras, a la manera de las
escopetas apuntándonos a la cabeza, a la
manera
de Dios que no existió nunca.”

El poeta ruge en un juego de luces, contrastes y truenos, revelando una estética temeraria, alejada de los arneses tradicionales, que ensalza a “poetastros de salón recitando frente a gallinas perfumadas”. Es él quién “ plantea la pelea a su época, reflejándola”; una época de Eros y Tánatos, tal como muestran las imágenes en sepia de los desterrados errantes o el lienzo de Guernica, con sus mujeres hechas jirones de piel y espanto. El mundo es una máscara torva de una existencia que no cree en su propia salvación ni en un lugar en el futuro, pero quiere desesperadamente recomponerse, a través de un común, mutuo y renacido lenguaje.

Nuestra propia historia, aún reciente, ofrece una imagen similar, cuya bruma aún nos ciega y extravía.

Guardando las proporciones, en el Chile pre y post guerra había una descomposición similar. Desorientación e incertidumbre; el descontento ciudadano y sus tumultuosas manifestaciones – consolidadas gracias a las movilizaciones de las primeras luchas sindicales a partir 1918- los desaciertos económicos y desacuerdos políticos; las traiciones, los golpes de timón efectuados por gobiernos o caudillos; inflación, cesantía, bajos sueldos, pobreza…. hizo surgir en Pablo de Rokha una voz que buscaba rescatar la memoria individual y a la vez colectiva; un yo que “recuerda, añora, odia, ama, critica, nostalgia a través de su propia angustia frente a lo inexorable del tiempo, pero en el mismo gesto reconstruye su historia y la de la humanidad para poder seguir viviendo y proyectar las utopías del mañana”.(1)

Nuestro poeta habla, escribe, “canta” sobre esa realidad desde su remota y particular australidad latinoamericana que, a la vez refleja un clamor universal. Inevitablemente, es insistente: el caos y la fragmentación en sus versos y prosa; el tejido deshilvanado de ciertos textos; la repetición a ratos intolerable y agobiante para clavar y traspasar de una vez el corazón recogido en sí mismo.

“Qué persigue Ud., caballero?,….camina Ud., camina Ud. demasiado rápidamente hacia ninguna parte, hacia ninguna parte, hacia ninguna parte, hacia ninguna parte; poetas, comerciantes, suplementeros, rameras, invertidos, rameras, ¿qué significáis?, ¿qué?… ¿qué?… mendigo… no, tú ya eres algo, eres algo, mendigo, mendigo, porque tú, tú, tú jamás pretendiste orientar el universo andando, vais trashumantes máquinas sin sentido, y, ¿dónde, dónde radica vuestra razón de ser, vuestra razón de ser?…. (2)

El historiador británico Eric Hobsbawm, afirma que “la destrucción del pasado o más bien, de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX.” (3)

Pablo de Rokha, como un gran árbol hundiéndose a la orilla del Maule, intuye este fenómeno y lo deviene obsesión al dedicar casi toda su obra al clamor por la memoria que nace desde el ser; “cruce y puente de la crisis universal de su tiempo o de todos los tiempos, incluyendo el nuestro”: (4) Una memoria oscilante, lacerada entre el recuerdo y la incertidumbre. Entonces, como si abriese una ventana a su jardín privado, nos revela y canta las costumbres, dichos, y viñetas de su propio tiempo que la complicidad de la lectura deviene actuales; exquisitos, voluptuosos, sensuales bocados de palabras que son el lenguaje del cuerpo vivo, memoriado y sagrado de este, su país.

…”canto de las tinajas como húmedas de lágrimas de vino”…

….”Licantén se recuesta en la orilla del Mataquito contemplándose en su
agua enorme como pililo con las manos cargadas de castañas”…

(sobre su abuelo y, tal vez, sobre sí mismo…) “yo conocí varias de
estas almas auténticamente castellanas, raíz de místicos, de soldados, de
conquistadores, de poetas, almas aceradas, trágicas, almas exaltadas y de
una gran pureza aunque les posee la crueldad universal de los fanáticos,
más que la crueldad cerebral de los políticos”…

…”hundidos en la atmósfera espesa a fritanga, a sudor, a bestia a ají, a
chicha, a litriado, están los parroquianos consuetudinarios. No todos
son maleantes o criminales; hay atorrantes, bolseros, huachucheros,
logreros, vagabundos, afuerinos, chusconas, futres pobres, corteras,
sacristanes que devienen informantes, es decir, espías, policías, sablistas, matones y corchetes”…

…”la empanada fritita, picantita, picantoncita y la sopaipilla, que en el
tocino ardiente gimieron, se bendicen entre trago y trago”…. (4)

La afirmación de Eric Hobsbawm sobre la destrucción del pasado sigue ferozmente en pie. Este siglo se inició con muerte y destrucción, evaporando poblados y almas, memorias, historias. El horror se ha hecho cotidiano, cómodamente alcanzable “in situ” gracias a la fibra óptica, modificando nuestra perplejidad y nuestro lenguaje, devenido ínfimo. Las palabras se han contraído, en el absurdo y deformado en balbuceos desconexos de los slogans ideológicos y publicitarios o códigos de los medios al servicio del mercado omnívoro. Son los nuevos aparecidos- errantes sin memoria, el coro transitorio de este acto, surgido desde los escombros de la pre-post- modernidad.

En este progreso hacia el futuro, da la sensación de estar vislumbrando al homínido gutural y gesticulante que asecha desde su cueva.

Como pasó antes, en Chile se escuchan ecos de este oleaje que arrastra hacia alguna parte lo que aún recordamos.

Desde su desasosiego eterno, Pablo de Rokha ruge como un resplandor sobre la sombra:

“Esculpí el mito del mundo en las metáforas,
la imagen de los explotados y azotados de mi época y di vocabulario
al ser corriente sometido al infinito,
multitudes y muchedumbres al reflejar mi voz, su poesía, la poesía se
sublimó en expresión de todos los pueblos,
el anónimo y el decrépito y el expósito hablaron
su lengua
y emergió desde las bases la mitología general de Chile y el dolor colonial
enarbolando su ametralladora;
militante del lenguaje nuevo, contra el lenguaje viejo enfilo mi caballo;” …

Quisimos, porque necesitamos, rescatar desde el infinito, donde flota nuestro “patriarca cósmico”, algunos de sus grandes temas: el entrañable amor a su país; su valentía; la devoción y rigor por su oficio y su insobornable porfía.

Las opiniones desfavorables desde o hacia él, que tanto han magnificado otros, como si fuera su mérito más destacado, palidecen frente al caudal de reflexiones, anhelos, enseñanzas, angustias, alegrías y dolores que dejó en miles de páginas, como un profeta telúrico e iracundo.

Leerlo nos acerca más a nosotros mismos, a los nuestros; es un murmullo que, intuimos, es el lenguaje de un Chile oceánico, lacustre, volcánico, valiente, contradictorio, persistente, atrabiliario, pícaro, hipócrita, cansado, imaginario, amable y profundo.

“…si no fui más que un poeta con los brazos quebrados”…

Escrito por Neda Brkic
Valparaíso

Citas:

(1) Nain Nómez: Prólogo a Obras Inéditas de Pablo de Rokha, LOM Editores, 1999

(2) Pablo de Rokha; Epopeya del Fuego; ediciones Universidad de Santiago, 1995

(3) Eric Hobsbawm: Historia del Siglo XX; Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999

(4) Nain Nómez: Prólogo a: Obras Inéditas de Pablo de Rokha; LOM Editores, 1999



sábado, 11 de julio de 2009

Carlos de Rokha: Deslumbramiento e impotencia


Carlos de Rokha
Deslumbramiento e impotencia

Carlos de Rokha es uno de los hijos del matrimonio formado por los poetas Pablo y Winett de Rokha. Nació en 1920 en la ciudad de Valparaíso y falleció trágicamente en Santiago, en 1962, siendo precursor del destino funesto que siguió luego Carlos Díaz Loyola, su padre, más conocido como Pablo de Rokha, que culminó sus días autoeliminándose (aunque su hermana Lukó de Rokha descarta la tesis del suicidio, cambiándola por un ataque cardíaco). Además de la literatura ha cultivado la pintura (comprensible debido a que era el arte la ocupación de sus hermano Lukó y José). Juan Guixé lo ha calificado como “original, transformaba la vida en un mensaje, que después se hacía dispar, llena de recovecos, que más parecían un laberinto. Lamentable que, su muerte fue prematura, ya que él, podría haber dado mucho más de lo que todos admiraron, en su corta existencia”1.

A esto se agrega lo que ha dicho Jorge Teillier respecto de Carlos de Rokha: “llevó una vida totalmente amarga. Un poco también por su condición mortal. Carlos no era de este mundo. No era un enfermo mental sino un visionario, estaba alejado de la realidad. Eso lo refleja muy bien en su poesía que tal vez sea la mejor poesía surrealista chilena, como decía Eduardo Anguita y como también lo decía Teófilo Cid, que era la primera víctima de la Mandrágora, o sea del surrealismo. Carlos de Rokha a los 15 años escribía poemas angélicos”. Elizabeth Neira señala que era “maldito a pesar suyo, infantil, quizás por la sombra omnipresente de su padre”2 . Es importante señalar que Elizabeth Neira comete un serio error al “publicar” primero “Pavana del gallo y del arlequín” (lo sitúa en 1964) y luego “Memorial y Llaves” (lo sitúa en 1967), lo que es totalmente al revés.

No pudo ser encasillado en ninguna corriente literaria, o más específicamente en ningún “ismo”. Su primer libro “Canto profético (o también “poético”) al primer mundo” (1944) entrega visos claros de un autor, a esas alturas muy joven influido por el Surrealismo, pues tuvo flirteos con Mandrágora (Enrique Lihn lo calificó como “surrealista en estado natural”), pero lo que sí se puede decodificar es un barroquismo en esta primera escritura. Leonardo Sanhueza lo calificó de “órfico”, afirmación rebatible que se origina por estar quizás todavía trasnochado de su trabajo con Rosamel del Valle. Su segundo libro “El orden visible” (1956) confirma y refrenda lo anterior, al entregar un texto pletórico, recargado, henchido de palabras e imágenes, con un lenguaje que avanza a paso fuerte. Se consagra con “Memorial y Llaves” (1964) y con “Pavana del gallo y el arlequín” (1967), textos que han galvanizado no solamente su estirpe de poeta, sino de voz, de calidad inconfundible. Su deceso hizo surgir también casi con un efecto reflejo el calificativo de poeta maldito, en estos casos lo más fácil, también lo más llamativo, a pesar de lo manido del término.
Dentro de las ediciones de Carlos de Rokha utilizadas para revisar la obra, se cuentan las siguientes, todas originales, de los años en que fueron publicados, salvo la edición de “Pavana del gallo y el arlequín” (1967) que es la de la Editorial Universidad de Concepción, publicada en el año 2002. La edición de “Memorial y Llaves” es la que se ha publicado por parte de Ediciones de la Municipalidad de Santiago, 1964, a raíz del galardón que recibió en los Juegos Florales. Esta edición incluye un prólogo de Enrique Lihn (págs 5-13).

La recepción crítica
Dentro del tipo de críticas que se han recopilado estas tienen diversos orígenes. Una fuente es la de los artículos aparecidos en prensa. Estas informaciones versan sobre muchas cosas referentes a Carlos de Rokha, artículos respecto de su poesía, artículos sobre poesía chilena, y especialmente artículos críticos que poseen un gran índice de lamentación respecto del trágico deceso de Carlos de Rokha. Un ejemplo de esto es la crítica que realizó en El Mercurio el crítico chileno Ignacio Valente3 , en la que hace una crítica respecto de la poesía de Carlos de Rokha, con especial énfasis en la muerte del poeta, y en la lamentación de este suceso dado que trunca una carrera literaria que había dado luces muy llamativas, a saber los dos libros que en vida publicó Carlos de Rokha, además de los dos aparecidos de forma póstuma.
Los temas abordados por las críticas recopiladas son en su mayoría descriptivos y contextuales, dado que la muerte del poeta ha sido una suerte de “excusa” (lamentable por lo demás) para recién darlo a conocer, pero además de la defunción de De Rokha, han surgido artículos contextuales, como el de Elizabeth Neira, surgido con motivo del trabajo del poeta Leonardo Sanhueza en la recopilación y futura edición de las Obras Completas de Carlos de Rokha, tarea similar a la que realizó con Rosamel del Valle. O bien artículos recordatorios, como el caso del escrito de Francisco Véjar4 .
Además una fuente de críticas son las que aparecen tanto en prólogos así como en libros de otros autores que han dedicado páginas a Carlos de Rokha. Tal es el caso de Enrique Lihn, que ha compuesto el prólogo a la primera edición de “Memorial y Llaves”, así como textos que han aparecido en “El circo en llamas”5 . Además de estos escritos, Lihn ha publicado en “La pieza oscura”6 .
os textos a trabajar de Carlos de Rokha serán la gran mayoría, primeramente por que no son muchos, con predilección en los dos últimos volúmenes del poeta, “Memorial y Llaves” y “Pavana del gallo y el arlequín”, sus textos más célebres y que han despertado el interés de la crítica en la poesía de Carlos de Rokha. En cuanto al corpus crítico, se trabajarán en cuanto aporten al tema a trabajar, este es, la recepción unánimemente buena que ha tenido la obra de Carlos de Rokha, y la suerte de “lamento colectivo truncado” que ha surgido por la muerte del poeta, y de la gran poesía que no pudo continuar escribiéndose, lo que lo habría catapultado como uno de los grandes poetas chilenos del siglo XX, perfectamente equiparable a la figura de vates como Enrique Lihn, Jorge Teillier, los mandragoristas (Arenas, Gómez Correa, Cid) e incluso el mismo Pablo de Rokha. Lo anterior por cierto que no restringe al corpus a un medio o vertiente específica (prólogos, artículos, reseñas de prensa, críticas, etc.) sino que sirve a fines utilitaristas por parte de quien suscribe estas líneas, para poder cumplir a cabalidad con los propósitos temáticos antedichos.
Dentro del primer grupo de textos encontrados de Carlos de Rokha, están aquellos, de extensión menor que versan principalmente sobre la muerte del poeta, “nada hacía presagiar el prematuro desenlace”, señala una información, dando cuenta de algunos vicios periodísticos clásicos, que hoy se estudian en las escuelas de periodismo, o bien son denunciadas por conspicuos redactores.
Un ejemplo de esto es la información aparecida el 30 de septiembre de 1962 en la publicación “Las noticias de última hora”:

Repentino deceso del poeta Carlos de Rokha
Repentinamente falleció ayer en su residencia de Santiago el poeta Carlos de Rokha, vastamente conocido por sus obras y vinculado a los círculos intelectuales nacionales. Nada hacía presagiar el prematuro desenlace de De Rokha, quien a los cuarenta y dos años se encontraba en plena madurez literaria.
El extinto era hijo de Pablo y Winett de Rokha, ambos grandes poetas chilenos, de quienes heredó la acerada disciplina artística que caracterizó la laboriosa trayectoria de su obra poética.
En 1955, bajo el título genérico del “El orden visible” reunió en un volumen los siete libros de su producción intelectual, comprendida entre los años 1934 y 1944. Trabajador silencioso, sin ansias de publicidad, sólo en 1961 reapareció enviando un grupo de poemas al Concurso Gabriela Mistral de la Municipalidad, con los que obtuvo el Primer Premio. Dicho libro será editado por la corporación y constituirá su obra póstuma.
Los restos de Carlos de Rokha fueron velados anoche en la Casa del Escritor y hoy en la mañana fueron trasladados de allí al Cementerio General a las 11 horas.

También existen textos que sirven de epitafio y de recordatorio de la labro del poeta en vida. Así lo atestigua otro recorte de prensa, reseña de “Pavana del gallo y el arlequín” próximo al deceso de Carlos de Rokha, si bien no en los días o semanas próximas al deceso del poeta, pero no muy lejano en años7 :

(...)Carlos de Rokha con su “anotación del delirio”, tal como lo pedía su maestro Rimbaud, con su rico lenguaje y una profunda musicalidad consigue ese milagro de devolvernos el país perdido en muchos de los poemas de su libro póstumo que ahora comentamos (“Pavana del gallo y el arlequín”).
“A causa de la noche son más bellas las islas” dice Carlos de Rokha y la noche que lo rondaba, oscureciendo a veces su razón del visionario, él supo transmutarla en verdadera poesía, en belleza pura. Pero, junto a estos poemas de espacios abiertos iluminados por los gallos. Carlos de Rokha presenta otros (como “De profundis” o “Salmo en azul”) en donde con rara gravedad y madurez presiente su fin ya próximo, y describe su crucifixión en vida. Hay un mundo dolorido y alucinado, pero siempre se ofrece la belleza a manos llenas, como rara vez en nuestra poesía actual. Para los que alcanzamos a conocer a Carlos de Rokha en su breve tránsito, este conmovedor mensaje póstumo nos trae también la certeza de que la poesía puede seguir siendo “una alegría para siempre”.

Palabras póstumas del mismo tenor aparecieron en el diario La Nación de Santiago, también con ocasión de la aparición póstuma de “Pavana del gallo y el arlequín”, en 1968:

“Este libro revela a Carlos de Rokha como uno de los poetas más originales y significativos de nuestra literatura. Se destino fue trágico y su creación alucinatoria y vidente. Hace unas semanas reproducimos su inolvidable poema “De profundis”. Si algún chileno ha pasado –como Rimbaud- una temporada en el infierno, es Carlos de Rokha. Si alguno supo de los “paraísos artificiales” de Baudelaire, fue Carlos. Si alguno fue un ángel incapaz de comprender la vida y se expresó en una lengua de fórmulas encantadas, es este arlequín, es este gallo –ambos son Carlos de Rokha-. Poesía.8

Las palabras del crítico chileno del momento, Ignacio Valente, no podía estar ausentes a la hora de referirse a la actividad poética de Carlos de Rokha. También con motivo de la aparición de la “Pavana del gallo y del arlequín”, Valente vierte su juicio crítico sobre la obra de Carlos de Rokha:

“Este libro de escasa circulación, escrito por un joven poeta escasamente conocido –hijo de Pablo de Rokha, muerto ya-, leo con sorpresa algunos de los poemas más promisorios que se hayan escrito en Chile en los últimos años. Poemas de un niño visionario que conservó hasta la muerte un extraño acento infantil y un don alucinado de fantasía creadora. Versos de un poeta sin hacer, evidente en sus préstamos e influencias, indisciplinado en la forma, imperfecto hasta la incorrección, desigual e inmaduro, pero que contiene bajo su tosquedad un arranque de imaginación tan puro, tan turbulento y certero, como en vano lo buscaríamos en muchos artistas de más trabajada expresión. Su lectura nos hace divagar sobre el poeta que podía haber sido, si su espléndida ensoñación hubiera tenido en tiempo y la posibilidad de una adecuada decantación formal. (...)
Esta poesía se mueve en círculos de encantamiento, en la más pura magia de la infancia. Parece no haber despertado al mundo de los hombres, a la historia, al intelecto. Se da como rito de la imagen, como una inocencia primera de la fantasía; como una segura libertad de la imaginación creadora. Su mundo, sin embargo, no es un paraíso; está teñido de una esencia trágica, conoce la soledad y la angustia, y contiene a cada paso lo terrible. Es un extraño poder infantil el que convoca a las imágenes, como el poder de un niño que, sin embargo, sólo vive ya en el corazón de un trágico adulto, en “el insomne huésped que soy cuando de noche entro en mi ser visible”, niño desterrado por siempre, “solemne, vertical, desterrado, como un águila ebria sobre una isla en llamas”.9

Dentro de los poetas que más escribieron acerca de Carlos de Rokha se cuenta Enrique Lihn. El autor de “La musiquilla de las pobres esferas”, “París, situación irregular”, “A partir de Manhattan”, y “La pieza oscura” (donde aparece el poema “Elegía a Carlos de Rokha”) confeccionó el prólogo al libro “Memorial y llaves”. En él destaca varios aspectos del poeta. El primero de ellos es la condición de escritor incansable de De Rokha, condición “en que se fundían la obstinación de la hormiga y la peligrosa facilidad de la cigarra”10 . Sin embargo, Lihn desecha el realizar un elogio falso a De Rokha, sino que desea realizar “un homenaje realista a la memoria de un compañero de ruta”. Enrique Lihn rescata una frase decidora que publicó anteriormente en los Anales de la Universidad de Chile: “La poesía de Carlos de Rokha es de las que saldría gananciosas si se historiara, verdaderamente, el total de nuestra literatura. Con caracteres propios e inconfundibles la obra de De Rokha registró todas las inquietudes expresivo formales que han coadyuvado al desarrollo de una pequeña pero brillante tradición literaria”11 . Se destaca la capacidad expresiva de De Rokha, única, además de un poder muy singular de asimilación, ambas características que habrían convertido a De Rokha en un surrealista de tomo y lomo, al menos en cierta medida, “el único escritor cuyo psiquismo se ajustaba al orbe de ciertos valores surrealistas”12 , lo que quedaba refrendado por la presencia del escritor, su figura mental y física “siempre al borde del abismo, del desquiciamiento”13 , señala Lihn. De Rokha fue un “surrealista en estado de naturaleza” que habría desperdiciado la oportunidad de adscribirse con todo en uno de los movimientos señeros de la literatura chilena, la Mandrágora.
Lihn, teniendo muy en cuenta el abismo y el desquiciamiento en el que se veía sumido De Rokha, señala la presencia de un “verdadero demonio poético”. De Rokha es un poseso, un demonizado, cuya posesión le prodiga la facultad de un “furor verbal genuino y de una especie de infalible sentido de unión libre de las palabras”; se advierte también el entendimiento de la poesía como un estado de videncia rimbaudiana. Con todo, hay reparos, en especial hacia la primera poesía de Carlos de Rokha, que, pletórica de imágenes hasta el hartazgo, “a veces ahoga la poesía de Carlos bajo selvas de imágenes”14 . Lihn Identifica una posible necesidad de De Rokha de crear estos mundos sobrecargados de imaginación, en los cuales se introduce, de forma sutil “un pensamiento que diera algo así como una pauta remota del sentido total de ‘ciertas composiciones suyas’”15 . Finalmente, Enrique Lihn señala que la identidad de Carlos de Rokha debe rastrearse en sus poemas, en su lectura, y en lo que genera en quien lee. El estado psíquico del autor tiene una relación casi perfecta con su poesía, con su lenguaje y su capacidad de configuración poética.
Contemporáneo y amigo suyo, Jorge Teillier también se refirió a la poesía de Carlos de Rokha, más específicamente a su vida: “Llevó una vida totalmente amarga. Un poco también por su condición mortal. Carlos no era de este mundo. No era un enfermo mental sino un visionario, estaba alejado de la realidad. Eso lo refleja muy bien en su poesía que tal vez sea la mejor poesía surrealista chilena, como decía Eduardo Anguita y como también lo decía Teófilo Cid, que era la primera víctima de la Mandrágora, o sea del surrealismo. Carlos de Rokha a los 15 años escribía poemas angélicos”16 . Lo propio hizo su cuñado, el poeta Mahfud Massis: “Predestinado remador en las galeras del arte que escribió, o pintó, en toda circunstancia, a cualquier hora de la noche o el día, solitario o en medio de las multitudes, abstraído, casi ausente. Mientras el horror de las diminutas obligaciones nos avasallaba el alma, él, viajero ignoto, estaba lejos en el mundo de las emociones, de las imágenes y las palabras”17 . Eduardo Anguita también expresó su opinión acerca de Carlos de Rokha, dos años después del deceso del poeta: “vivió sumergido en una superrealidad, de manera que sus versos no eran sino el resultado más claro, la fosforescencia más próxima a nosotros, de un océano de visiones, en el cual vivía y sobrevivía heroicamente. (Fue uno de esos) artistas que pagaron con su equilibrio psíquico la videncia que naturalmente les fue concedida”18 .
Teófilo Cid, compañero de De Rokha en Mandrágora señala acerca de su poesía:

“La voz pura, casi diamantina de Carlos de Rokha, estaba hecha tan sólo para interpretar, como le ocurrió a Juan de Yepes, el doctor argelino, exclusivamente asuntos estelares. Profundizado en la emoción que trajo el surrealismo a nuestro continente, Carlos de Rokha siguió en forma entrañable los preceptos clásicos de Jean Arthur Rimbaud. Como el francés, poeta-niño igual que él. Carlos, nuestro poeta, atezó la llama de su poesía hasta sus últimas consecuencias, sin temor a quemarse. Por el contrario, buscó la fragante quemadura de Apolo y dejó que su cerebro se atezara bajo el incendio voluptuoso. De ahí la impresión de irrealidad que emanaba de su persona física y el violento torrente real que en cambio fluía de sus poemas. Extraña y paradójica condición del poeta.

Más allá en los años, en agosto de 1973 aparece una referencia a la poesía de Carlos de Rokha, a la sazón ya 11 años fallecido:

“Posiblemente mucho de la poesía de Carlos de Rokha circulara en una corriente de tendencias surrealistas. Poesía de experiencias últimas, poesía de rechazo a lo fácil y manido, a la facilidad que engaña y pierde. Los elementos poéticos de Carlos estaban lejos de una actitud confesional, que facilita cauces y temas; pero era, no obstante, la sangre que circulaba en sus palabras, y era su espíritu, que la muerte no dejó vivir en todo su auténtico sentido, los que lo hubieran logrado rescatar merced de una experiencia que su vida misma, tan poca, no dejó madurar.19

Hacia nuestros años
En las décadas más cercanas, la de los 90, la crítica ha seguido a Carlos de Rokha desde el recuerdo, ya no por motivo de la aparición de libros o bien del suceso de la propia muerte del poeta. El recuerdo del poeta, ya convertido en figura mítica, genera la impresión de no muchos caracteres en diarios capitalinos y de provincia, como este caso:

“Su poesía era original, transformaba la vida en un mensaje que después se hacía dispar, llena de recovecos, que más parecían un laberinto. Lamentable que, su muerte fue prematura, que él, podría haber dado mucho más lo que todos admiraron, en su corta existencia”.20

Menos que esto publica también “el ratón de biblioteca”, apenas una nota bio-bibliográfica:

“Nació en Valparaíso en 1920, y se suicidó en Santiago, 1962, Además de poeta fue pintor y cuentista. Bastante trabajo debe haberle costado, librarse de la influencia de ese cíclope de la poesía Universal que fue su padre Pablo de Rokha (...)”21 .

Con motivo de la publicación de las obras completas de Carlos de Rokha, el poeta nuevamente surge y gana líneas en prensa, ahora con más profundidad, y en una tribuna de mayor alcance, el diario El Mercurio, de Santiago:

Surrealista en Estado Natural

A las obras completas de Rosamel del Valle, el poeta Leonardo Sanhueza suma ahora la recuperación de Carlos de Rokha, el hijo mayor de Pablo de Rokha.

“Un surrealista en estado natural”, según lo definió Enrique Lihn, maldito a pesar suyo; infantil quizás por la sombra omnipresente de su padre. Carlos, el hijo mayor de la trágica progenie de los de Rokha quien se quitó la vida el a los 42 años, es autor de una obra singularmente delirante, profusa en imágenes, la que está siendo recopilada por primera vez en un proyecto de obras completas por Leonardo Sanhueza.
La fascinación por Carlos de Rokha nació de tempranas lecturas de Pablo de Rokha: “Todo el mundo llega así a Carlos. La sombra del padre es demasiado fuerte. Me llamó la atención descubrir un poeta cuya escritura no tiene nada que ver con la de un padre tan voluptuoso, que aparentemente ejercía una cierta tiranía sobre sus hijos y sobre quienes lo rodean. Incluso en la obra de Mahfud Massis, que fue yerno de Pablo de Rokha, se perciben afinidades temáticas. En cambio, Carlos es casi un niño, escribe de cosas mínimas, de paraísos perdidos, la tierra que añora, el abuelo”, dice Sanhueza.
Signado por el despotismo de una belleza magnética -la poesía de su padre - con la que tenia que convivir todos los días, la individuación y la diferencia lo ensombreció y lo marginó a una actividad dispersa. Pablo, el poeta tremebundo, reconoció un día ante sus amigos que lo que hacia grande a su hijo era que ni siquiera el, con su presencia que todo lo impregnaba, pudo influenciarlo. La independencia poética fue a costa de un temprano aislamiento que lo llevó a configurarse en el mundo con una inusual desadaptación, que no obstante es condición de la pureza de su poesía.
“Carlos de Rokha jamás pudo desprenderse de cierta irremediable malditez. El no es el poeta amalditado, el tipo que se esfuerza por ser maldito. Al contrario, se esmera en vano toda su vida por salir de su condición. Lo trágico es que nunca lo logra porque esta completamente desencajado en el mundo. Jorge Teillier, amigo cercano del poeta de Rokha, a cuyos universos poéticos se acerca sorprendentemente, dijo una vez que Carlos pago con su vida la condición de ser poeta. El artista nunca estuvo cercano a círculos literarios. Los que lo conocían eran sus amigos: Enrique Lihn, Teillier y Teofilo Cid. Con ellos hay cruces en la obra, sobre todo con Teillier en lo que concierne a una poesía de la aldea, de la infancia, pero Carlos de Rokha tiende mas al surrealismo de una manera natural”, explica el antologador.
Las obras completas de Carlos de Rokha incluyen los dos únicos libros que en vida logró publicar. “Cántico profético del primer mundo” (1943) y “El orden visible” (1955); los dos póstumos “Pavana del gallo y el arlequín” (1964) y “Memorial y llaves” (1967); mas poemas inéditos facilitados por Lukó de Rokha, hermana del poeta, quien además ilustrará la edición.
Sanhueza ha estado desde hace más de diez años sumido con un afán casi antropológico en el rescate de poetas olvidados por el mercado y las editoriales, pero no por el colectivo, que los recuerda como hablas mitológicas:
“Estos libros no están casi en ninguna parte, ni siquiera en librerías de viejos. Esto sucede porque en Chile la critica nuclea a los poetas. La poesía chilena se murió en las grandes figuras: Neruda, Mistral, Huidobro, Pablo de Rokha. Hay muchos nombres que circulan por debajo y que han sido injustamente ignorados por mucho tiempo. Es el caso de Carlos de Rokha, de Rosamel del Valle, de Humberto Díaz Casanueva, Omar Cáceres, Jorge Cáceres, Mahfud Massis y un montón de otros poetas que además no son escrituras fáciles”, afirma Sanhueza.22

La publicación del artículo anterior, surgido por la coyuntura de la publicación de Sanhueza, además aprovecha de recordar la figura del poeta. Lo mismo intenta Francisco Vejar, también en el diario El Mercurio, en esta ocasión en el suplemento “Revista de Libros”:

ANGÉLICO Y DEMONÍACO

Casi cuarenta años han transcurrido desde la muerte de este autor cuya valiosa obra poética ha permanecido en el olvido. En su época, Teófilo Cid, Eduardo Anguita y Jorge Teillier manifestaron una verdadera admiración por su trabajo literario.

PERTENECIENTE a la familia de los poetas malditos chilenos, Carlos de Rokha sintió a temprana edad el llamado de Rimbaud de hacerse vidente a través de un desorden sistemático de todos los sentidos. Fue tanta la admiración por el escritor francés que en 1954, al cumplirse cien años de su nacimiento, escribió a manera de homenaje en la revista Polémica, “Rimbaud el desconocido” donde esboza el ímpetu revolucionario e iconoclasta de la poesía y de la vida de ese creador. Según testimonio de su hermana Lukó, Carlos recitaba de memoria pasajes de Temporada en el infierno. Acerca de su personalidad, dice:”Era un poeta en todas y cada una de sus actividades; hasta comer un trozo de pan era para él un acto poético. Era un ser angélico y demoníaco al mismo tiempo.
Vivió inmerso entre la realidad y el sueño. Su existencia estuvo poblada de visiones que le hacían tender un puente hacia otros mundos. Ya a los quince años escribía poemas cercanos al surrealismo. No es casualidad que fuera tan afín al grupo Mandrágora con quienes compartiera largos años de amistad. Enrique Lihn, en el prólogo al libro póstumo de Carlos de Rokha, Memorial y llaves (1964), señala: “Muchas de las provocativas, vociferantes pero cuidadosas y eruditas digresiones de Teófilo Cid o de Braulio Arenas - en que se combinaban el humor negro, los llamamientos a Marx y a Freud, el conocimiento de ciertas corrientes exquisitas de las literaturas europeas...- sólo evocan, en última instancia, la poesía tremante, ávida, enajenada de Carlos, y su figura mental y física siempre al borde del abismo.
Poseía, un talento innato para la libre asociación de imágenes. En el poema “Retorno”, escribe: “A causa de la noche son más bellas las islas/ Los árboles más azules porque así lo ordena el mar (...)”. (De Pavana del gallo y el arlequín, 1967), obra que obtuvo el Primer Premio en los Juegos Literarios Gabriela Mistral de 1962.

Yo canto a lo terrible

En su familia siempre tuvo un lugar de privilegio. Desde adolescente era incorporado a las tertulias de los domingos en su casa. Entre los visitantes se podía ver a Vicente Huidobro, Ricardo Latcham, Teófilo Cid, Enrique Gómez-Correa, Braulio Arenas, Jorge Cáceres, Boris Calderón y otros intelectuales de la época. Por esos años estudiaba en el Liceo Valentín Letelier y en sus horas libres leía o pintaba. Lukó de Rokha recuerda la adolescencia de su hermano: “Estaba todo el tiempo leyendo y estudiando a los clásicos. Aprendió francés solo, y al final traducía poemas y recitaba en ese idioma. A los trece años empezó a pintar y a los catorce hizo una exposición que fue visitada por escritores y pintores que lo consideraron un verdadero talento. Fue absolutamente autodidacto. Pocas veces he conocido un hombre con más cultura que Carlos, quien habiendo vivido con una personalidad literaria tan avasallante como la de mi padre y con otra muy pura y especial como la de mi madre, nunca se sintió influido por ellos”.

A los 24 años publicó su primer libro de poemas, titulado “Cántico profético al primer mundo” (1944), donde el derramamiento del sueño en la vida real se mezcla con imágenes de luminosa imaginería: “Yo canto lo terrible; lo terrible es más bello/ que lo diáfano oh ciega memoria temporal de/ lo que somos (...) ¡Héroes míos, orad por el que llora sobre vuestras tumbas!”. Fue capaz de crear su mundo personal, único e intransferible. Hijo de poetas, Pablo y Winett de Rokha, a temprana edad mostró rasgos de excentricidad: a los 11 años estuvo tres días desaparecido de su hogar. Se creía que había sido raptado por una venganza política. Fue encontrado a los tres días, hambriento y casi sin ropa. Con unos compañeros del Liceo Valentín Letelier fue a ver la película Kaspa, el Hombre León. Después de ver el filme, decidieron errar por el mundo, en busca de aventuras. Partieron al Cerro San Cristóbal, pero cuando empezó a caer la noche, sus compañeros volvieron a sus casas. Sin embargo, Carlos no se atrevió a regresar, temiendo la ira de su padre. En la autobiografía póstuma de Pablo de Rokha, por otra parte, se lee: Carlos cuando contaba diecisiete años, se volvió loco. (...) Un día se arrojó desde el segundo piso del sanatorio. Cayó sobre un montón de tierra removida, lo que le salvó de morir. Después explicó que creía estar lanzándose desde el tablón de una piscina. Era un excelente nadador, y posiblemente vio agua donde había sólo pasto. Jorge Teillier aclara: Carlos no era de este mundo. No era un enfermo mental sino un visionario, estaba alejado de la realidad. Eso lo refleja muy bien en su poesía que tal vez sea la mejor poesía surrealista chilena, como decía Eduardo Anguita.

Escribía todo el tiempo. No importaba el lugar donde se encontrara: en piezas de hoteles, en los trenes, en el mesón de un bar... Su letra era diminuta e inconfundible. Existen hasta hoy muchos originales de poemas inéditos que permanecen en manos de su familia y que aún no han sido recopilados en libro alguno. Cabe recordar que en vida sólo publicó dos títulos: Cántico profético del primer mundo (1944) y El orden visible (1956). En preparación tenía a lo menos siete libros de poemas, entre los que se pueden señalar: Caída al coral (textos escritos entre 1935 y 1940) y La mano automática (narraciones y experiencias, 1941-1943). También hay poemas que se publicaron en varios números de la revista Multitud que dirigiera su padre. Allí participó en la redacción y en la venta de suscripciones. Fue uno de los pocos trabajos remunerados que tuvo. En el número de diciembre de 1939 encontramos un poema suyo titulado Si sirven los caprichos, donde dice: “Me parecen dolorosas e irreales/ No sin delicadeza y eso dulcemente/ Las manos de la devoradora de flores/ En el ángel, sus umbelas, en el ángel/ No azul revelado o que se consagra/ A la custodia de mis párpados/ A mis manos presas de la magia”.

Indudablemente, parte de estos versos traducen el sentir de su breve existencia. Yolanda Lagos Garay, poeta y amiga de los de Rokha, comenta: Lo conocí en los años cincuenta en el café Iris. Ahí estaban Altenor Guerrero, Hugo Goldsack, Armando Menedín, Teófilo Cid. Carlos llegaba con José de Rokha, su hermano pintor. Eran las famosas tertulias del Iris. Era muy ameno y poseía una ironía especial. Tenía algo que trascendía de sí mismo. Un sello que caracteriza a los verdaderos poetas.

Murió prematuramente, el 29 de septiembre de 1962, dejando tras de sí una obra que aún no ha sido valorada en su real envergadura.23 .

En provincias, aparece un texto de Ramón Riquelme que recuerda a Carlos de Rokha de forma más exhaustiva que la simple nota biográfica de unas cuantas líneas, siguiendo la línea de los artículos del Mercurio capitalino:

Apuntes sobre poesía chilena
La poesía chilena de todos los tiempos: 1922-2002, tiene múltiples registros estéticos de bajo, medio y alto sentido lírico. Por ello la comprensión de su sentido de lenguaje nos permite saber su dificultad en el diario ejercicio de la palabra.

Carlos de Rokha (1920-1962), con dos textos en su corta existencia: “Canto profético al primer mundo” y “El orden visible”, hay en los textos que examinamos aquí un lenguaje agresivo, pero de profunda y cálida ternura “De profundis”. Juega el vaticinador con las palabras para introducirnos en los laberintos de una palabra cuyo sentido final es la descripción de los seres y las cosas con un sentido estético de lo tierno y lo sencillo (“Interior”). La lírica de Carlos de Rokha tiene muchas lecturas, en su entonación épica se entiende (“Coronación del mar” y “Aparición del niño de humo”). Tenía su palabra una arquitectura barroca cuyos timbres y ritmos nos van mostrando la sensualidad de su oficio que usa el idioma para decirnos algo (“Pavana del gallo y el arlequín”).24

La recepción crítica de la obra de Carlos de Rokha muestra coincidencias. La primera de ellas es mostrarlo como un surrealista, más allá de estar adscrito o no de forma oficial a la Mandrágora. El surrealismo se identifica en los textos de De Rokha, y también en su personalidad, “siempre al borde del abismo, del desquiciamiento”, como dijera Enrique Lihn, además de advertir una fuente clara de la poesía de Carlos de Rokha: su imaginación, que parece fluir como un torrente sin fin. Este último factor se destaca como una de las cualidades del poeta.

Pero un factor que une las críticas y que se destaca en la mayoría de las informaciones revisadas es el pesar por el deceso del poeta, no por el deceso en sí mismo, sino por haber ocurrido este de una forma trágica y con una carrera poética muy prometedora. En vida Carlos de Rokha solamente publicó dos textos, “Canto profético al primer mundo” y “El orden visible”, con posterioridad a la muerte del poeta aparecieron los otros dos textos que restan para totalizar la bibliografía de De Rokha, “Memorial y llaves” y “Pavana del gallo y el arlequín”. Estos dos últimos volúmenes aparecieron de forma póstuma, y superan a los anteriores, en especial el último libro, la “pavana”. Aparecido en 1968, y habiendo ganado el Primer Premio de los Juegos Florales, la recepción de este libro estuvo mezclada por el asombro y la pena (esto se refleja particularmente en las apreciaciones de Ignacio Valente).
Si las informaciones anteriores a la aparición de este texto estaban centradas básicamente en lo terrible del deceso del poeta (coqueteando con lo policial), los artículos “post Pavana” tienen un tono distinto, en ellos es posible leer la frustración, el deseo truncado de ver qué habría pasado si es que Carlos de Rokha no se hubiera quitado la vida en ese fatídico día de septiembre de 1962. El impacto y la impresión que causó la aparición de las obras post mortem de Carlos de Rokha, especialmente la “Pavana del gallo y del arlequín” es el causante de este sentimiento, o de esta óptica de los exegetas de De Rokha. Ya sea por la reedición de los textos de Carlos de Rokha (Como el caso de Elizabeth Neira), o bien por el mero deseo de hablar de un poeta postergado (Vejar), se comparten estos sentimientos.

Algunas frases ejemplifican lo anterior. “(...) La sangre que circulaba en sus palabras, y era su espíritu, que la muerte no dejó vivir en todo su auténtico sentido, los que lo hubieran logrado rescatar merced de una experiencia que su vida misma, tan poca, no dejó madurar” (Víctor Castro).

“Este libro de escasa circulación, escrito por un joven poeta escasamente conocido –hijo de Pablo de Rokha, muerto ya-, leo con sorpresa algunos de los poemas más promisorios que se hayan escrito en Chile en los últimos años (...) Su lectura nos hace divagar sobre el poeta que podía haber sido, si su espléndida ensoñación hubiera tenido en tiempo y la posibilidad de una adecuada decantación formal” (Ignacio Valente).

“Su poesía era original, transformaba la vida en un mensaje que después se hacía dispar, llena de recovecos, que más parecían un laberinto. Lamentable que, su muerte fue prematura, que él, podría haber dado mucho más lo que todos admiraron, en su corta existencia” (Juan Guixé Cañizares).

“Casi cuarenta años han transcurrido desde la muerte de este autor cuya valiosa obra poética ha permanecido en el olvido (...) Murió prematuramente, el 29 de septiembre de 1962, dejando tras de sí una obra que aún no ha sido valorada en su real envergadura” (Francisco Véjar).

Deslumbramiento e impotencia, dos palabras que pueden caracterizar la recepción crítica a la obra de Carlos de Rokha. Deslumbramiento por la revelación de una obra poética única, singular y original; pena, porque el cultor, el creador sobresaliente de esa obra deslumbrante se había ido, sin dejar más, para siempre.

1 Juan Guixé Cañizares. “Poetas chilenos de nuestro siglo”. Litoral N°5, junio 1968.
2 Elizabeth Neira. “Surrealista en estado natural”. El Mercurio, domingo 19 de Diciembre de 2000.
3 Ignacio Valente. 1968. “Carlos de Rokha: Pavana póstuma”. El Mercurio, 19 de Mayo de 1968.
4 Francisco Véjar. “Carlos de Rokha (1920-1962): angélico y demoníaco”. El Mercurio, sábado 8 de julio de 2000.
5 Enrique Lihn. “Carlos de Rokha”. En, El circo en llamas, Santiago de Chile, Ediciones LOM, pp. 247-253.
6 Enrique Lihn. “Elegía a Carlos de Rokha”. En La pieza oscura. Madrid, Editorial LAR, 1984, pp. 83-84.
7 Revista Plan. 31 de mayo de 1968, Santiago.
8 Diario La Nación 26 de mayo de 1968. Santiago.
9 Ignacio Valente. “Carlos de Rokha: Pavana póstuma”. El Mercurio, 19 de Mayo de 1968. Publicado también en Poesía chilena e hispanoamericana actual. Ed. Nascimento, Santiago, 1975.
10 Enrique Lihn. Prólogo a “Memorial y llaves”.
11 Ibid.
12 Ibid.
13 Ibid.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Jorge Teillier . “Espejismos y realidades de la poesía chilena actual”. En Plan, Nº 27, 31 de Julio de 1968
17 Mahfud Massis. “Adiós a Carlos de Rokha”. En El Mercurio, 13 de Octubre de 1962.
18 Eduardo Anguita. “Carlos de Rokha, poeta paradisíaco”. En El Mercurio, 5 de Diciembre de 1964.
19 Víctor Castro. En Revista Occidente, N° 249. Agosto de 1973.
20 Juan Guixé Cañizares. “Poetas chilenos de nuestro siglo”. Litoral N°5, junio 1968. Republicado en “El líder provincial”, San Antonio, 24 de abril de 1990.
21 El diario de Aysén, Coyhaique, 28 de julio de 1990.
22 Elizabeth Neira. “Surrealista en estado natural”. El Mercurio, domingo 19 de Diciembre de 2000.
23 Francisco Véjar. “Carlos de Rokha (1920-1962): angélico y demoníaco”. El Mercurio, sábado 8 de julio de 2000.
24 Ramón Riquelme. “Apuntes sobre poesía chilena”. La tribuna de Los Ángeles, 26 de octubre de 2002.